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NO ES ORO TODO LO QUE RELUCE

Son las 7 de la tarde de un viernes y me encuentro con el reto de escribir un artículo que debe salir el lunes en el periódico y que no sé ni por dónde empezar. La semana ha sido muy larga y muy dura de trabajo y yo me pregunto, ¿Para qué?

Un artículo que se publica en lunes en la edición de la Comunidad Valencia en una zona marginal del periódico. ¿Quién lo leerá?, ¿A quién le interesará? El lunes todo lo que aparecerá en prensa será relativo al clásico. A nadie le va a importar lo que yo escriba. A pesar de ello, aquí estoy. ¿Por qué?

 

¿Será vanidad? “Vanitas vanitatum et omnia vanitas”. Vanidad de vanidades todo vanidad. Dicen que es lo último que se muere, aproximadamente una hora después de muerto el cuerpo, pero en cualquier caso, siempre impresiona a los amigos decirles que has escrito un artículo en el periódico. Ellos no lo leen pero piensan que eres un personaje importante y erudito, digno de ser admirado. La verdad es que vende. Y esta sociedad eso lo mira, y mucho.

No es oro todo lo que reluce, reza un viejo refrán popular. La imagen como condición necesaria y a veces suficiente para tener éxito, no importando en muchas ocasiones el conocimiento, la preparación y profesionalidad. Centramos todos nuestros esfuerzos en forjarnos una imagen virtual con el fin de alcanzar la seguridad de nuestro estatus social. No reparamos en esfuerzos por conseguir mejorar nuestra imagen. Preparamos minuciosamente el continente y nos olvidamos del contenido. Importa más como lo digo que lo que digo. Es la era de la comunicación y el marketing.

Establecemos relaciones ficticias desde su propio nacimiento, dejando al descubierto nuestra propia fragilidad. Nos preocupa ser aceptados, no por lo que somos sino por lo que parecemos, como si fuéramos jóvenes adolescentes. No queremos molestar a nadie, de hecho hemos acuñado el término “políticamente incorrecto” para no tener que hablar de lo que pueda afectar a nuestra pose personal. Hemos renunciado a la verdad y la hemos sustituido por palabras, por imágenes, por vídeos. Una canción del conjunto Mocedades ya lo avisa: “Las palabras son tan vanas cuando no se dicen con el corazón. De la nada se disparan, pero si no dicen nada, aunque brillen como el sol, ¡que se vayan con el último adiós!”

No queremos decir con esto que no es importante cuidar el continente, la imagen. En el fondo, todo es una cuestión de equilibrio. El ser humano va dando bandazos a lo largo de la historia y hoy nos estamos escorando hacia lo vacío de contenido, hacia la heterogonía de fines que nos invita a olvidar la razón de ser de nuestra profesión o institución. Tenemos que redescubrir la razón primera. ¿Qué somos? y ¿para qué estamos?

¿Por qué no recuperar la ilusión de poner el foco en nosotros mismos y nuestras posibilidades, dejando al descubierto quiénes somos realmente? Sin tapujos, sin miedos. Necesitamos más tiempo para nuestra preparación personal, para hacer crecer a nuestros empleados y menos tiempo para cultivar nuestra imagen personal y corporativa. Necesitamos más tiempo para buscar con honestidad la verdad de las cosas, para prestar un servicio real a nuestros clientes, para solucionar sus problemas, esos que por mucho que queramos ignorar nos persiguen a cada instante, la veamos o no, la contemos o no, la queramos aceptar o no.

Seamos “políticamente incorrectos”, digamos lo que pensamos y descubrirás cómo de ser aceptado pasas a ser admirado. Descubrirás cómo tu comunicación es más eficaz porque se fundamenta en tu experiencia, en tu conocimiento y en tu búsqueda constante de la verdad. Comunica con el corazón y la razón.

Dejemos de lado el “networking” y entablemos relaciones duraderas basadas en la “palabra dada”, en el compromiso, en la confianza.

Pongamos en definitiva al descubierto quiénes somos, estoy seguro de que somos mejor de lo que parecemos y en definitiva parecemos menos de lo que somos. No dudes que la sociedad nos lo agradecerá. Cambiemos los personajes de ficción por personajes reales.

Ignacio Carreño

Juan López Trigo

Campos y Bros Consultores