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LAS REGLAS DE UN CAMBIO INEVITABLE

Es la época actual, época de "grandes" cambios. Más que grandes", yo diría "rápidos" cambios. Los medíos de comunicación, los avances de la técnica, los cambios culturales y la globalización, hacen que las cosas cambien a gran velocidad, quizás sin el suficiente tiempo de previsión que la función directiva requiere para hacer eficaces las decisiones, donde todo lo que no es información, inexorablemente es riesgo.

 

Negar que nuestra sociedad exija una constante adaptación a las nuevas situación del entorno, es ir contra natura. Es negar la realidad. Hoy el cambio conforma el ADN de las organizaciones empresariales modernas. En menos de 10 años compañías multinacionales han desaparecido por no adaptarse.

El cambio ha sido el denominador común, casi una constante en el mundo empresarial en los últimos quince años. La rápida evolución de los mercados impulsada por las innovaciones tecnológicas y de comunicaciones que facilitan el desarrollo de mercados más globales, ha producido en las empresas cambios vertiginosos difíciles de digerir en tan poco tiempo, de hecho, el 40% de las compañías americanas realizan más de 11 cambios casi simultáneos dentro de sus Organizaciones. Resultados pocos. Entre el 50% y el 70% de las compañías no consiguieron los resultados esperados. Los dólares malgastados en proceso de cambio corporativos, patrocinados o alentados con el beneplácito de Gurus, con intenciones más menos conocidas, han provocado en las organizaciones un índice cada vez mayor de “quemados” y de directivos que ven venir los cambios, con el mismo asombro y escepticismo que provocan muchas de las promesas electorales que realizan nuestros políticos.

¿Por qué? ¿Cuáles son esos ingredientes que no se tuvieron en cuenta en la fórmula mágica del cambio?

La sensatez, la previsión y la prudencia deben estar presentes a la hora de los cambios. Antes de decidir, pensar. Analice ¿Qué chirría? ¿Es necesario el cambio? Encuentre, ¿Dónde duele? Ese es el síntoma, pero eso no es suficiente, es necesario encontrar las causas.

Antes de diagnosticar y aconsejar la operación mida todos y cada uno de los posibles efectos secundarios y decida cómo los paliará. Solo la desesperación puede explicar el cambio sin reflexión y sin prudencia, el “salga el sol por donde salga” o el “a ver qué pasa”. Porque la realidad se impondrá y las leyes de la gravedad y de la lógica, que todo lo ponen en su sitio, no perdonan al frívolo que actúa y cambia, como tic nervioso, sólo porque no puede estarse quieto.

Para que el cambio “merezca la pena”, para que esté justificado, en primer lugar a de estar dirigido al cumplimiento de unas metas deseables y bien determinadas, no confundir que es un “medio” entre otros posibles. No se trata de un fin en sí mismo.

En segundo lugar, es preciso que el saldo, “grado de aportación al logro de la meta/coste previsible”, tenga que ser claramente positivo. Ni siquiera un saldo “neutro”, justificaría un cambio, por pequeño que fuese. Las sombras ocultas y los peligros latentes, que siempre están en toda modificación de las cosas, no justificarían cambios “por ver qué pasa”.

En tercer lugar no es posible sin el convencimiento e implicación de la Dirección de la empresa, sin un liderazgo claro que despierte la confianza, fruto de la exigencia y ejemplaridad. Las cosas no cambian solas, ni solo, se logran los cambios, es necesario despertar la emoción ajena.

No siempre las cosas se ponen de cara, persevere, rompa la barrera del miedo que todos los proceso de cambio provocan, por la incertidumbre que genera a lo desconocido y olvídese, si quiere cambiar todo no cambiara nada.

Sólo cuando no quede ningún cabo suelto puede firmar el tratamiento. Comuníquelo con efectividad y prepárese para operar. Recuerde: ¡Del quirófano se sale operado!; y por duro que resulte el postoperatorio ya no hay vuelta atrás. Si usted fracasa en el intento habrá minado el próximo intento; y grábeselo a fuego: será muy responsable de los próximos fracasos. Habrá llenado de desconfianza a toda su organización.

Juan López-Trigo

Ignacio Carreño